Humildad: Virtud de los Santos

Hace un par de semanas tuve una conversación sobre un sitio para dormir durante un viaje. A mi interlocutora le hice una sugerencia y ella me contestó que consideraba que era una buena opción porque ella es “humilde”.

Le conté a mi hermana la anécdota, porque dijo que estaba interesada en el tema, mis hijas, que nos estaban escuchando nos preguntaron: “¿Qué es ser humilde?” a lo que les respondí, de forma instintiva, “es ser como tu abuelo”.

Y, ¿cómo es mi suegro? Es una persona que se opone a la soberbia ya que no es pretencioso, interesado ni egoísta. Hace las cosas por amor y no por conveniencia. El reconoce defectos, debilidades y limitaciones. Las acepta, entendiendo que siempre se puede sacar una lección de todo lo que ocurre a su alrededor. Es capaz de relacionarse con los demás de manera pacífica y noble. Sus vínculos son estables y duraderos. Curiosamente, si le preguntara si se considera humilde, jamás lo diría porque justamente lo es.

La humildad implica el desapego a lo material y la ayuda al prójimo. Una persona humilide es capaz de demostrar modestia y deja de lado el yo para preocuparse por los otros. No es egoísta ni egocéntrica. No se concentra en sí misma ni en sus logros. Tampoco busca destacarse ante los demás.

La humildad es difícil practicarla actualmente ya que vivimos en una sociedad donde las personas viven preocupadas por lo material, por el éxito, por el dinero y por el poder. ¿Cómo te vendes como el mejor para un puesto siendo humilde?

La dualidad puede ser compleja. Y es fácil pensar que una persona humilide no puede ser líder. Sin embargo, son los dominantes, egoístas y egocéntricos quienes no están en capacidad de desarrollar vínculos con otros como si pueden hacerlo

aquellos interesados en el bienestar de los demás.

El primer paso para poner en práctica la humildad es ser agradecido, tanto con lo que se tiene como con lo que nos falta. Con las dificultades y desafíos con los que debemos enfrentarnos, porque nos ayudarán a trabajar y esforzarnos más. Cuando se es humilde no se piensa que uno es demasiado bueno para que lo que se hace porque se sabe que el ego y la arrogancia nos pueden cegar.

El humilde es naturalmente optimista, trabaja en estar entusiasmado con las cosas del futuro, siempre busca el lado positiva de las situaciones. Realmente cree que le pasarán cosas buenas si se trabaja para eso.

Al tener humildad se reconoce y acepta que uno no es el mejor en todo. La mente está abierta a aprender, a desarrollar nuevas habilidades y a mejorar.

La humildad no es falsa modestia. Una persona humilde se esfuerza por su trabajo y por lo tanto se alegra de que le reconozcan y acepta créditos cuando los merece. Por otro lado, reconoce a las personas que le apoyan y se preocupa por darles crédito de su trabajo.

Cuando se vive esta virtud se admite error cuando hay una equivocación y hará un esfuerzo por no volver a cometerlo. Una persona verdaderamente humilde reconoce sus defectos y sabe que tiene cosas en las que trabajar y se esfuerza por lograrlas.

Evita presumir, lo que no significa que no destaque sus logros.

Algunas prácticas cotidianas que te ayudarán a ser más humilde son:

- Escucha, pasa más tiempo atendiendo que hablando, aprende a no interrumpir o dar consejos a menos que te lo pidan.

- Busca oportunidades para dejar pasar a alguien primero. Esfuérzate en darte cuenta de que tu tiempo no vale más que el de cualquier otra persona.

- Si algo te preocupa, tómate el tiempo para acudir a un amigo y pedir un consejo o pedirle a un compañero de trabajo que comparta su experiencia.

- Reconoce a otras personas por sus logros. Aprende a estar dispuesto a decir cumplidos reales a otras personas.

by, Lucia Colmenares

#BeHumble   

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SaludAnnie Morales