Los niños y la muerte

Cuando vemos a un niño y su mundo lleno de juegos, fantasías, sueños e inocencia, se nos hace casi imposible pensar que exista la posibilidad que sufran o algo peor, que se topen con la muerte.

Al analizar este temor, podemos ver que nace directamente de los adultos y no de los niños.  Esto es porque según estudios del desarrollo tanto físico como emocional de los niños se sabe que nacen con dos tipos de miedos innatos:

1. Miedo a los ruidos repentinos e intensos.

2. Miedo a caer de lugares elevados.

Pero no le temen a la muerte, y a medida que van creciendo van desarrollando otros tipos de temores. A la edad de 3-4 años es cuando empiezan a conceptualizar la muerte y el miedo al abandono o separación de sus padres.  Pero el concepto que tienen sobre la muerte es de un suceso temporal y no como un final.

Aunque muchos lo nieguen, lo niños son consientes de todo lo que pasa a su alrededor  y logran distinguir por instinto cualquier tipo de emociones fuertes que sus padres sufran y que sin querer les pueden transmitir.

El niño comprende mucho mejor la muerte, pero somos los adultos que los invadimos de miedos, mitos e inseguridades, logrando así destruir su  naturalidad y tranquilidad.

Olvidamos que son  naturalmente fuertes y valientes, los consideramos débiles y no nos damos cuenta que la muerte nos afecta más a los adultos que a los niños.

Entonces ¿cómo deberíamos de afrontar la muerte con un niño?

Primero que todo deberíamos, como adultos, examinar y trabajar nuestros miedos y temores ante ella.

Nunca debemos mentirles o esconder información importante, seamos nosotros valientes, y confiemos en ellos. Son más fuertes de lo que creemos.

Permitamos que los niños expresen su enojo, su frustración y sus dudas, y así lograran  superar cualquier situación. Y siempre recordemos que la manera en que nosotros nos comuniquemos y desahoguemos sobre la muerte ellos nos imitarán y harán suyos esos sentimientos.

Hay muchas formas de ayudar y acompañar a un niño ante la muerte.  Ayudémoslos  a que se despidan, a decir las palabras que necesiten decir a entender lo que es un entierro, un funeral.  También les debemos de dar la oportunidad de llorar o gritar. Y buscar ayuda si vemos la necesidad.

Debemos de darles el tiempo suficiente y necesario para sanar y recuperarse.  Ellos también sufren, se enojan y temen. Pero son mejores en ver, comprender y aceptar la muerte.

By Ruby Saravia

Annie Morales