AUTOCUIDADO CON UN RECIÉN NACIDO, ¿A QUÉ HORA?

Antes de tener hijos, disponemos de todo nuestro tiempo para hacer lo que nos gusta. Incluso con horas largas de trabajo, logramos ocupar los espacios libres con actividades que disfrutamos: parrandear, ir al salón, leer, dormir, salir en roadtrip, ir al gimnasio, meditar, cocinar, comer saludable… todo encaja perfectamente bien, y de repente tenemos en las manos a una personita que depende cien por ciento de nosotras y que a veces pareciera no querer que vivamos como humanos funcionales.

A veces llegan las tres de la tarde sin haber podido bañarnos o cambiarnos la ropa manchada de leche, de babas y de quién sabe qué otras cosas, y nos pasa por la mente esa sensación de no haber hecho absolutamente nada en todo el día. Durante los primeros meses, esas fantasías de “cuando mi bebé duerma voy a salir a correr/hacerme una mascarilla/ir al gimnasio/ir al salón/hacer una siesta/trabajar en la computadora”, se esfuman frente a nosotras como el humo del café que estamos a punto de recalentar en el microondas.

A veces nos encontramos completamente solas y, si estamos acompañadas, sentimos que no recibimos el apoyo que deberíamos. Nadie me entiende, seguramente estoy enloqueciendo o tengo depresión posparto; qué vergüenza hablar de esto con alguien, qué chambona soy porque debería poder hacerlo todo, igual que lo hacen las demás.¿Les cuento algo? Ese estado nuboso, incierto, con líquidos que brotan por todos lados y platos que se acumulan junto al cansancio y la inseguridad, es más común de lo que creemos. Es fácil caer en la trampa de creer que, para ser buenas mamás, deberíamos ser capaces de hacer todosolas. Y así, también es fácil empezar a acumular resentimiento y tristeza.

En algún punto del posparto y gracias a nuestro instinto de protección, la vida se reduce a atender las necesidades del bebé, hasta el punto de olvidar las nuestras. Incluso ocupamos más tiempo atendiendo a otros adultos que reflexionando sobre qué es lo que realmente necesitamos y queremos en un momento determinado. Solemos creer que el autocuidado equivale a hacer cosas para las que aún no estamos preparadas; nos forzamos a llenarnos de trabajo, a salir más seguido y a dejar al bebé al cuidado de alguien más... y tal vez nuestro cuerpo sólo nos pide bajar revoluciones y simplemente estar. Nos obligamos a recibir a todas las visitas, a bajar de peso a toda costa, a asistir a todos los eventos y a decir que sí a todos los compromisos, cuando quizás preferiríamos quedarnos en casa, hacer una siesta, tomar un té con una amiga, salir a caminar un rato o comernos una vaca entera porque la lactancia y el desvelonos absorben cada onza de energía. Tal vez en el fondo sabemos que somos perfectamente capaces de cuidar a nuestro hijo,pero para salir victoriosas de la hazaña,también necesitamos sentirnos cuidadas.

Son tantas las mamás que me cuentan sentirse presionadas a avanzar como si nada hubiese pasado, cuando por dentro tienen la sensación de que el tiempo está en pausa y necesitan sólo eso… más tiempo. En otras culturas, el posparto es un momento sagrado de descanso, de cuidado a la mamá y al bebé como una unidad que necesita atención y paciencia. Si investigamos un poco, las costumbres de los pueblos remotos no son descabelladas e incluso presentan índices mínimos de baby blues y depresión posparto: la mamá no hace más que comer, descansar, dar de mamar y cuidar a su bebé durante al menos cuarenta días. Los demás miembros de la comunidad se encargan de que esté bien alimentada, hidratada y acompañada, e incluso se hacen cargo de las tareas de la casa. A nosotras nos cuesta pensar en pasar cuarenta días sólo siendo atendidas y consentidas, ¿verdad? Y con toda razón, pues no es lo común; generalmente, toda la atención de las personas se centra en el bebé y la mamá queda relegada a segundo plano.

Cada una tiene su definición de autocuidado y hay miles de formas de ponerlo en práctica durante el posparto, pero hay un factor que siempre es el mismo: no deberíamos hacerlo solas y podemos darnos el permiso de pedir apoyo. Siempre hay personas dispuestas a acompañarnos a pasar el rato, a platicar, a hacernos reír un poco, a secarnos las lágrimas, a distraernos de la tarea tan gigantesca (y muchas veces monótona), que puede serpasar el día con un recién nacido. En nuestros grupos de CoMadres, por ejemplo, hemos visto el poder increíble de sólo pasar tiempo juntas, entre mujeres, sin necesidad de dejar a los bebés en casa.

Permitámonos pedir y aceptar ayuda –algo que parece tan simple, pero es impresionante la cantidad de veces que escucho “no tengás pena…” cuando ofrezco algo a una mamá, incluso siendo su doula. Estamos programadas para pensar que somos una carga y que pedir apoyo es una debilidad, y debemos cambiar esa mentalidad. Si alguien nos ofrece algo, aceptémoslo y, si nadie lo ofrece, busquémoslo.El tiempo pasa rápido, cada etapa eventualmente termina y no hay mejor forma de practicar autocuidado que reconocer nuestras limitaciones y complementarlas con las fortalezas de otras personas para encontrar un punto de equilibrio, porque no podemos ofrecer lo que no tenemos y no podemos servir agua de un cántaro vacío.

Natalia de Biegler

Psicóloga Clínica especializada en Maternidad /Doula/Educadora perinatal

MaternidadAnnie Morales