EL ÁRBOL DE LA VIDA

En mi trabajo y en mi área de estudio, hay temas que realmente me apasionan y, dentro de esos temas, hay algunos que me apasionan más que otros: la placenta es uno de ellos. Me parece impresionante cómo puede aparecer un órgano completo que luego desaparece y cuya única función es nutrir y sostener la vida humana –aunque no lo creamos, lo hace en doble vía (ya veremos por qué). Quizás aún más impresionante me parece que las mujeres conozcamos muy poco o nada acerca de este elemento crucial en la gestación de nuestros bebés. Muchas de nosotras (me incluyo porque fue así en mi primer embarazo), ni siquiera vimos nuestra placenta después del parto; no sabemos qué pasó con ella y tal vez ni siquiera nos dio curiosidad, ¿cierto? Por esa razón, considero que este conjunto tan complejo de tejidos en forma “de panqueque gordito”, diría mi hija, merece un poco de atención.

En primer lugar, es importante distinguir la placenta del saco amniótico. Muchas personas creen que la placenta es la bolsita donde flota el bebé dentro del útero, pero no es así; la placenta es un conglomerado de distintos tipos de tejidos con una forma tan peculiar, que al verla desde donde sale el cordón umbilical (endotelio vascular fetal), parece un árbol. El árbol de la vida.Está adherida a la pared uterina y crece junto con el bebé, alcanzando su tamaño final aproximadamente a los cuatro meses de gestación. Es un órgano (sí, un órgano), a través del cual el bebé recibe oxígeno y nutrientes para sobrevivir y desarrollarse durante el embarazo, mediante las dos arterias del cordón umbilical. Es, literalmente, su fuente de vida durante más o menosnueve meses; comienza a formarse a partir del saco vitelino durante la segunda semana de embarazo y se crea a partir dela misma mezcla de ADN entre el óvulo y el espermatozoide que conforman a cada bebé. Qué chilero, ¿verdad? Hay células de papá en la placenta también.

Por otro lado, la placenta segrega sus propias sustancias para sostener y generar un ambiente adecuado para el feto dentro del vientre, tales como la famosa Gonadotropina CoriónicaHumana (hCG), la Progesterona y el Lactógeno Placentario Humano (hPL), algunas de las que miden las pruebas de embarazo y otros exámenes de rutina. Por lo tanto, está de más decir que una placenta sana es un elemento clave para un embarazo sano.

Por si fuera poco, cuando decía que la comunicación placentaria es de doble vía, me refería a que no sólo el bebé recibe lo que necesita a través del cordón umbilical, sino la mamá también recibe dióxido de carbono y células madre del bebé por medio de la vena del cordón. Además, la placenta está incrustada profundamente en el útero, lo cual hace que funcione como un filtro relativamente permeable, dependiendo de su grosor. Se va haciendo más delgada conforme transcurre el embarazo y, cuanto más delgada la placenta, más probable es el intercambio de partículas en ambas direcciones. Esto es muy importante, ya que es un hecho que ciertas sustancias, como algunas drogas o medicamentos, pueden atravesar la barrera placentaria y llegar al bebé.

La placenta sale del útero algunos minutos después del nacimiento del bebé; en la mayoría de partos normales, es expulsada de forma espontánea tras algunas leves contracciones. Generalmente, no es necesario jalar ni hacer nada para que salga, aunque algunos médicos hacen una tracción con el cordón umbilical para sacarla. Una vez afuera, el útero inicia su proceso de involución para regresar a su tamaño original, lo cual disminuye el sangrado de la herida que queda en el espacio donde antes estaba incrustada la placenta –sí, queda una herida abierta dentro del útero, por lo cual se sugieren las reglamentarias seis semanas de descanso (no es invento ni novelería).

Para que la involución ocurra de forma más eficiente, es importante colocar al bebé al pecho cuanto antes, ya que la succión estimula la producción de oxitocina en el cuerpo de la mamá y, por lo tanto, ayuda al útero a contraerse (los famosos “entuertos”), y a sanar más rápido. Al salir la placenta, empiezan a producirse y re-equilibrarse las hormonas que preparan a la mamá para la lactancia y el posparto.

En los casos en que la mamá no pide su placenta para encapsularla, convertirla en tintura, consumirla o utilizarla de alguna forma, generalmente se va a la basura y pierde la oportunidad de verla. Es una de las maravillas más impresionantes, misteriosas y  milagrosas del embarazo; aunque no vayamos a quedarnos con ella, vale la pena al menos conocerla. A pesar de ser un órganoefímero, es vital para el desarrollo de nuestros bebés y es lo que nos une a ellos durante nueve meses –de hecho, es parte del bebé, parte de nosotras y parte de nuestra pareja al mismo tiempo.

Podría hablar de este tema por horas y horas, pero en otro momento será. Mientras tanto, puedo decir que en nuestra cultura el cordón umbilical se lleva la mayor parte del show pero, desde mi punto de vista, la placenta se lleva el primer lugar.

por, Natalia de Biegler.